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El mural de El Cairo, tapado tras la polémica por la piel
Un encargo municipal terminó cubierto de pintura
Un mural de 66 metros que representaba al faraón Tutankamón y a la reina Nefertiti fue tapado en la plaza Tahrir de El Cairo, Egipto, después de que el color de sus rostros provocara críticas. Según el reportaje de The Guardian publicado el 2 de octubre de 2026 en colaboración con Egab, la gobernación de El Cairo pidió al grupo de voluntarios que lo había realizado que pintara encima.
La obra formaba parte de un conjunto de 40 murales encargados para embellecer la ciudad con motivo de la visita de Estado del presidente chino, Xi Jinping, en septiembre de 2026. Quedó cubierta apenas unas horas antes de su llegada. Para quien sigue el arte público, el origen del proyecto resulta esencial: la administración intervino tanto en el encargo como en la decisión que puso fin a su presencia en la calle.
Los autores atribuyeron el aspecto a los colores y las sombras
El grupo juvenil de voluntarios Rasmet Basma preparó la obra en cinco días, a finales de agosto de 2026. Su fundador, Ahmed Moussa, de 22 años, explicó a The Guardian que habían generado los diseños con ChatGPT y que después los voluntarios los pintaron en la pared. La generación de imágenes fue, por tanto, una fase de un trabajo ejecutado físicamente por el grupo.
Moussa sostuvo que el tono entre dorado y bronce producía sombras nocturnas que hacían parecer más oscuros los rostros. También reconoció que no habían consultado a especialistas en arqueología y arte. Es su explicación del resultado visual y del proceso de trabajo; no constituye una conclusión sobre la apariencia de los personajes históricos.
Según Moussa, el vicegobernador de El Cairo y el responsable del distrito habían visitado la obra y la habían valorado favorablemente antes de que aumentaran las críticas en las redes sociales. Su relato permite plantear una cuestión propia de los encargos públicos: en qué momento se revisa una propuesta y qué conocimientos intervienen en esa revisión.
La imagen reabrió una disputa sobre el antiguo Egipto
Algunos críticos interpretaron la piel oscura como un respaldo al afrocentrismo. The Guardian describe este movimiento político como defensor de un origen y una población negroafricanos para la civilización egipcia antigua. En las redes también hubo acusaciones de que grupos afrocentristas aprovechaban las imágenes para presentar sus teorías como aceptadas por los egipcios. Esas acusaciones formaron parte de la reacción pública.
Zahi Hawass, exministro de Antigüedades de Egipto, consideró justificada la indignación y reclamó supervisión especializada para intervenir en un lugar de la importancia de Tahrir. Rechazó las afirmaciones que relacionan la civilización egipcia antigua con el África subsahariana. Como argumento, citó relieves de templos del periodo tardío que, según su interpretación, diferenciaban a los reyes egipcios de cautivos de varias regiones.
Monica Hanna, egiptóloga y profesora adjunta de arqueología de la Universidad Americana de Irak–Bagdad, calificó las tesis afrocentristas de pseudocientíficas. A la vez, destacó la diversidad étnica de la sociedad egipcia, desde las comunidades nubias del sur hasta las poblaciones mediterráneas del norte. Su posición cuestiona la idea de reducir a los egipcios a un solo color de piel.
El reportaje situó la polémica junto a otras dos: la elección de una actriz de piel oscura para interpretar a Cleopatra en un documental de Netflix de 2023, y las explicaciones presuntamente afrocentristas de un guía en el Museo Egipcio de El Cairo en junio de 2024. Estos antecedentes muestran el debate en el que fue recibida la nueva pintura, sin convertir el mural en una respuesta histórica.
El uso de ChatGPT puso el criterio artístico en primer plano
La inteligencia artificial entró en la discusión a través del diseño. Walid Mahmoud, investigador de IA y especialista en antropología africana, sostuvo que herramientas como ChatGPT reflejan la información más difundida en internet, sin garantizar su exactitud. Reclamó examinar sus resultados especialmente cuando afectan al patrimonio y a la identidad cultural.
El crítico de arte Mostafa Eissa defendió la tecnología como ayuda, pero reservó las decisiones a las personas. Advirtió que sustituir las capacidades del artista por estas herramientas podía restar originalidad a una obra. Sus observaciones dirigen la mirada hacia quién selecciona y evalúa una imagen antes de trasladarla al espacio público.
El repintado también forma parte de la historia del mural
Para quienes buscan murales, el dato práctico es que esta pintura fue cubierta. Las imágenes de su estado anterior deben leerse con ese desenlace: conocer su ubicación en Tahrir no equivale a poder contemplar allí la misma obra.
Este caso invita a seguir la trayectoria completa de un encargo: su finalidad, sus autores, el diseño, la recepción y la decisión de taparlo. El embellecimiento urbano y la reacción del público convergieron en una pared cuya imagen terminó desapareciendo. Registrar ese recorrido ayuda a entender su breve presencia en la ciudad sin atribuir a la pintura la capacidad de resolver el desacuerdo sobre el pasado.
Fuente: reportaje de The Guardian sobre el mural de El Cairo, publicado el 2 de octubre de 2026 en colaboración con Egab.