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Lo que el grafiti en trenes enseñó a Nicolas Party

2026년 8월 26일 오전 01:180

El artista suizo Nicolas Party pintó grafiti en trenes y muros de Lausana y Ginebra desde los 12 años hasta comienzos de su veintena. Según una entrevista de Swissinfo publicada el 16 de julio de 2026, hoy dibuja grandes murales aplicando pastel blando directamente sobre las paredes de las salas, y es preciso al describir qué le enseñó la calle. No fue rebeldía. Fue un lenguaje gráfico que se lee a distancia, y velocidad.

Tres grandes exposiciones en un solo año

Party tiene 45 años y trabaja en un estudio de Red Hook, una franja estrecha de Brooklyn. Según Swissinfo, solo en 2026 presentó tres grandes exposiciones: Dead Fish en Karma Gallery de Nueva York, Toile d’araignée en Xavier Hufkens de Bruselas y una presentación en Art Basel Hong Kong. En el mismo periodo apareció Murals, un libro retrospectivo que reúne sus exposiciones desde 2011.

Sus imágenes son fáciles de reconocer: colores intensos, formas simplificadas y composiciones con la claridad de un símbolo gráfico. También es conocido por cubrir paredes enteras de la sala con sus propios murales y apoyar después las obras enmarcadas contra ellas, convirtiendo la arquitectura del espacio en una pieza temporal.

Los trenes enseñan legibilidad, no rebeldía

Cuando se le pregunta de dónde vienen su color y su forma, Party señala los años en que pintaba en la calle. Desde los 12 hasta comienzos de su veintena marcó trenes y muros en Lausana, Ginebra y los alrededores.

Su manera de resumir ese periodo suena menos a estética que a un conjunto de condiciones. "Lo principal tiene que verse desde lejos", dijo a Swissinfo. "Es un poco como los logotipos. Necesitas un lenguaje gráfico y colores vivos que hagan la imagen reconocible muy rápido".

Una pintura en la calle no tiene público detenido. Tiene un tren en marcha, una vía de paso, unos segundos de atención. Una imagen que funciona en esas condiciones gana por contorno, no por detalle. Swissinfo observa que los retratos de Party son frontales e inexpresivos, casi icónicos, y parecen diseñados para leerse deprisa.

Party cita además a Michel Pastoureau, el medievalista e historiador cultural francés que estudia el color. Pastoureau observó que los niños suizos crecen rodeados de heráldica: banderas cantonales, escudos, blasones. Debajo hay una cultura visual construida sobre la claridad y el símbolo, absorbida sin que nadie decida absorberla.

Tres pinturas al año

Party estudió en la Universidad de Arte y Diseño de Lausana y después se mudó a Glasgow, donde vivió seis años y trabajó sobre todo con óleo.

El problema era el ritmo. El óleo implica capas, secado y revisión constante. "Hacía quizá tres pinturas al año porque las reelaboraba sin parar", dijo. "Me gustaban una vez terminadas, pero no estaba contento con el proceso. Sentía que no podía trabajar lo bastante rápido para avanzar de verdad".

En esos mismos años le invitaban a hacer murales directamente sobre las paredes de las galerías con pintura en aerosol y carboncillo. Aquellas obras eran provisionales, físicas e inmediatas, y funcionaron como contrapeso a la lentitud del taller.

Un pastel de Picasso cambió el método

El punto de inflexión llegó en la Fondation Beyeler de Basilea, donde Party se encontró con Tête de femme (1921), un retrato al pastel del periodo poscubista de Picasso.

"Algo encajó", recuerda. "Recuerdo pensar: esto es exactamente lo que quiero hacer". Al día siguiente compró barras de pastel, papel y una reproducción en postal de la obra de Picasso.

Parte del atractivo estaba en la limitación. A diferencia del óleo, el pastel no se corrige con facilidad y exige ir directo. "Restringió las posibilidades y, paradójicamente, me liberó", dijo. "De pronto podía producir mucho más. Y cuando produces más, avanzas más rápido porque ves más fracasos y más aciertos. Experimentas más".

Pastel sobre la pared

La técnica que hoy es su firma, aplicar pastel directamente sobre los muros, empezó casi por accidente. Mientras preparaba una instalación para el Hammer Museum de Los Ángeles en 2016, un comisario sugirió de pasada sustituir el carboncillo por pastel. Party creyó que era técnicamente imposible, pero tuvo curiosidad suficiente para intentarlo. El resultado transformó su obra.

El pastel es pigmento puro comprimido en barras. Aplicado sobre muros preparados con una superficie rugosa, queda en un punto intermedio entre la tiza y el fresco. A escala mural se comporta como ningún medio pictórico convencional.

"Los pigmentos y la textura son muy inusuales a esa escala", explicó Party. "Es básicamente polvo y pigmento puros directamente sobre la pared. Y el proceso es extremadamente rápido. Con pintura mojas pinceles todo el rato, mezclas colores, subes y bajas escaleras, te preocupas por los chorretones. Con el pastel solo sostienes las barras en las manos".

Aquí se ve la línea que vuelve a la calle. Barras en la mano, sin escaleras, sin tiempos de secado, una superficie grande cubierta deprisa. Cambió el material. No cambió la manera de trabajar del cuerpo.

Un repertorio estrecho, repetido

Party trabaja dentro de un rango deliberadamente estrecho: retrato, paisaje y bodegón, los motivos más convencionales de la pintura occidental. Lo convencional es precisamente lo que le interesa, y la restricción funciona como forma de libertad, igual que Josef Albers volvía al cuadrado y Giorgio Morandi a sus botellas.

"Para mí, los paisajes, los retratos, las flores, los árboles se convirtieron en mi lenguaje", dijo. "Y con el tiempo añado despacio nuevas 'familias' de temas. Últimamente trabajo con peces muertos, por ejemplo. Pero intento no introducir demasiadas cosas demasiado rápido. Necesitas tiempo para entender por qué un tema te importa".

Muchas de sus exposiciones parten de encuentros con figuras históricas, de Rosalba Carriera a Auguste Rodin y Camille Claudel. Describe la referencia a otro artista no como cita sino como atención prolongada. "Para mí, copiar se convierte en una manera de crear intimidad con una obra. Hoy consumimos imágenes muy deprisa. Miras algo tres segundos en internet y sigues. Pero cuando dibujas o pintas algo estás obligado a pasar tiempo real con ello. Se te queda grabado".

De aquellos años en los trenes no queda ninguna imagen

No sobrevive nada del trabajo adolescente de Party. Los trenes se limpiaron, los muros se repintaron. Queda su relato y las entrevistas que lo registraron.

Quien pinta hoy en el espacio público está en la misma situación. Cuando la obra temprana desaparece, no hay forma de mostrar después qué contenían esos años. El mapa de Wallscape conserva las obras subidas con su ubicación, de modo que el registro sobrevive al muro. El feed muestra lo que se está pintando ahora en distintas ciudades.

Party dice que le gustaría trabajar en Estambul y en Egipto. "Sinceramente, harían falta diez vidas para explorar todas estas culturas como es debido".

Fuente: Swissinfo, 16 de julio de 2026.

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