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Murales de Marol: vecinos y artistas transforman sus calles
El primer impulso llegó desde un conjunto residencial
El movimiento de arte urbano de Marol tomó forma en 2015 con una pared del club social de un conjunto residencial. Según Free Press Journal, Omkar Dhareshwar, fundador del colectivo Wicked Broz, quería dar a conocer el barrio de Mumbai donde había crecido. Tras estudiar ingeniería, comenzó a trabajar en la gestión de artistas de grafiti y se acercó así a la organización de murales.
Dhareshwar contactó con cinco grafiteros brasileños y propuso que pintaran el club social de Eco Park, donde vivía. La comunidad rechazó inicialmente la petición, pero terminó autorizándola después de varias solicitudes. Los artistas completaron el trabajo en un día. Según recordó el organizador, los residentes se reunieron aquella noche con comida y bebida para celebrar la pintura.
El mural desapareció cuando la pared volvió a pintarse en un plazo de dos meses. La pérdida no detuvo el proyecto: otras superficies del conjunto acogieron obras y se incorporaron artistas de países como Suecia, Alemania y Sudáfrica. El comienzo contiene, por tanto, dos elementos que ayudan a entender el recorrido posterior: entusiasmo vecinal y obras que pueden desaparecer.
La colaboración vecinal permitió encontrar más paredes
La expansión por Marol dependió de personas dispuestas a ofrecer superficies para pintar. Free Press Journal explica que las intervenciones salieron del recinto residencial hacia zonas cercanas, viviendas colectivas conocidas como chawls y espacios públicos. Dhareshwar describió una buena acogida local, mientras algunas paredes antes inadvertidas empezaron a atraer visitas.
La Military Road Residents Welfare Association (MRRWA), una asociación vecinal, se implicó durante una de sus actividades de limpieza en Marol. Su papel consistió en conectar a los artistas con los propietarios. Según el organizador, había creadores preparados para trabajar, pero faltaban paredes. La asociación animó a comunidades residenciales y dueños de inmuebles a ceder superficies.
Para quien sigue el arte público, este proceso permite mirar más allá de la imagen terminada. Una pared disponible y el acuerdo de quienes la utilizan también forman parte de las condiciones de una obra. En Marol, esas relaciones ayudan a explicar el paso de un proyecto dentro de una comunidad a intervenciones repartidas por el barrio.
Dhareshwar señaló el mural situado fuera de Vincent Pallotti Church como un momento decisivo. Afirmó que atrajo a visitantes, políticos y creadores de contenido para redes sociales. El lugar funciona como una referencia dentro del relato, aunque el periódico no ofrece un itinerario completo para recorrer los murales.
Ladies-First impulsó la participación de grafiteras
Wicked Broz desarrolló también una iniciativa centrada en animar a más mujeres a participar en el grafiti. Dhareshwar explicó a Free Press Journal que buscaba ampliar sus oportunidades y cuestionar la idea de que esta práctica corresponde principalmente a hombres. Situó ese prejuicio tanto en la sociedad como dentro de la propia comunidad del grafiti.
Los pies de foto del reportaje vinculan Ladies-First con un mural de Shirin Shaikh en un edificio de nueve plantas. Otra imagen identifica un inmueble de cinco plantas pintado por Krantinaar para la segunda edición. Son ejemplos de participación femenina en obras a escala de edificio, aunque la fuente no indica sus direcciones exactas ni sus fechas de realización.
Al observar el barrio, preguntarse quién dispone de espacio para pintar añade una lectura a la del color o el tamaño. La apertura de oportunidades para las artistas y la colaboración de los vecinos para conseguir paredes aparecen como dos componentes de la escena descrita.
La visita debe contar con paredes que cambian
Los murales de Marol forman un paisaje cambiante, como demuestra la desaparición de la primera pintura de Eco Park. Dhareshwar advirtió de que, si la actividad cesara, el barrio podría perder su color al cabo de diez años. La observación expresa preocupación por la continuidad del trabajo; no fija la duración de ningún mural concreto.
Eco Park y el exterior de Vincent Pallotti Church sirven como referencias geográficas del reportaje. Antes de incluirlos en un paseo, conviene comprobar qué obras siguen visibles y por dónde se permite acceder. La presencia de pinturas dentro de conjuntos residenciales no supone una autorización de entrada. Al mirar o fotografiar, hay que respetar los espacios de vida de los residentes.
La relación entre pintura, edificio y calle puede orientar el recorrido sin depender de encontrar exactamente las imágenes antiguas. El caso de Marol muestra que la identidad de un lugar también se construye mediante la participación continuada, incluso cuando cambian sus paredes.
Explora otras obras cercanas en el mapa de Wallscape.
Fuente: Free Press Journal