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El arte urbano de Singapur crece entre recelos
Más obras no eliminan la desconfianza
El crecimiento del arte urbano en Singapur convive con reservas hacia la creatividad que aparece fuera de los cauces habituales. En la información de CNA disponible el 20 de junio de 2026, los artistas reconocen más encargos y oportunidades, pero describen una aceptación condicionada por el control del espacio público. Para quien recorre murales, distinguir entre cantidad de obras y diversidad de perspectivas ayuda a entender el paisaje.
El artista y educador Mohammed Zulkarnaen Othman, conocido como ZERO, contó que un alumno de primaria le preguntó si estaba dañando una pared mientras pintaba un mural escolar. La anécdota muestra cómo una intervención organizada puede seguir asociándose con el vandalismo por su lenguaje visual.
En mayo de 2026, un dibujo temporal que Marcus Pang realizaba con agua a presión en el pavimento exterior de la estación de MRT Mountbatten fue eliminado tras una queja. En 2024, otro debate giró en torno a un mural de una trabajadora samsui fumando. La Autoridad de Reurbanización, Urban Redevelopment Authority (URA), pidió inicialmente borrar el cigarrillo y después permitió conservar la imagen al valorar distintas opiniones. El propietario recibió, aun así, una multa de 2.000 dólares singapurenses por proceder sin autorización previa.
Los encargos abren oportunidades y limitan elecciones
El apoyo institucional acerca el arte al público, aunque los artistas señalan que la prudencia puede estrechar los temas representados. Según CNA, el programa Art in Transit, gestionado por la Autoridad de Transporte Terrestre, comenzó en 1997 a lo largo de la línea North-East y se extendió al conjunto de la red ferroviaria. Reúne más de 500 obras realizadas con artistas contratados y entidades colaboradoras.
Sam Lo, que firma como SKL0, reconoce la responsabilidad del creador ante quienes comparten un lugar. También describe la autocensura respecto a cigarrillos, desnudos, lenguaje ofensivo, política y temas LGBTQ. La nostalgia, la comida y los vendedores de puestos aparecen así como motivos recurrentes. Lo aprecia esos asuntos, pero desea mayor espacio para la reflexión social y las miradas personales.
El muralista Muhammad Taufiq Rosle, conocido como Boon Bakes, explicó a CNA que algunos posibles clientes examinan cada color y forma por temor a las interpretaciones del público. La negociación empieza antes de pintar. Para el visitante, observar los temas que se repiten resulta tan revelador como contar los muros intervenidos.
La escasez de paredes reduce la permanencia
Disponer de pocos lugares para practicar puede hacer que una obra desaparezca pronto bajo otra pintura. Taufiq calculó que Singapur contaba con solo cuatro o cinco muros públicos donde trabajar sin solicitar permiso previo. Es una estimación del artista, no un inventario oficial. Según su relato, otros creadores cubren con frecuencia los trabajos anteriores al necesitar una superficie para experimentar.
Su colectivo también viaja a Bangkok, Kuala Lumpur y Yakarta. En Yakarta, relató, los artistas solicitan directamente permiso a los propietarios y reciben una acogida entusiasta. La experiencia sitúa el trato con dueños y vecinos dentro del proceso creativo, junto a los mecanismos formales de encargo.
Para quienes siguen el arte urbano, una fotografía registra un estado de la pared, sin garantizar su conservación. Visitar un lugar permite leer también la relación de la imagen con la arquitectura y los usos cotidianos. Esa perspectiva evita convertir cada registro visual en la promesa de una obra permanente.
El espacio compartido exige acuerdos sobre su uso
Las personas entrevistadas por CNA reconocen que el arte debe atender a las funciones diarias del lugar que ocupa. La diputada por Mountbatten Gho Sze Kee defiende la consulta previa como forma de prevenir conflictos comunitarios. La muralista Danielle Tay señala que la espontaneidad también existe dentro de un encargo: los recuerdos de infancia que compartió un transeúnte cambiaron su experiencia al pintar un mural patrimonial.
Angeline Tong, de la consultora HOL Experiences, interpreta algunas reservas como incomodidad ante lo inesperado. En un entorno habitualmente organizado, la primera preocupación puede ser si la obra debe estar allí. Esta lectura permite abordar el procedimiento sin atribuir todo desacuerdo a un rechazo del arte.
CNA explica que no existe una autoridad única para todos los permisos de murales en paredes o pavimentos. Los edificios protegidos requieren consentimiento del propietario y aprobación de la URA. En 2026 se ordenó retirar un mural de batik encargado en el número 59 de Arab Street por las restricciones sobre fachadas principales de edificios comerciales históricos protegidos; Haji Lane figuraba como excepción. Es un caso sobre regulación, no una parada confirmada para contemplar el mural.
La red ferroviaria ofrece un punto de partida documentado para recorrer arte público. Consulta otros murales en el mapa de Wallscape y considera tanto su entorno como los cambios que pueden producirse después de una fotografía.
Fuente: CNA